¿Por qué homeopatía para las plantas?

La Homeopatía, descubierta por Samuel Hahnemann (1755-1843), es un arte de curar invariable tanto en sus principios como en su procedimiento. Para tratar y curar aplica la ley de la analogía (“Similia similibus curentur “): el similar curadlo con el similar. Por este principio, tanto el ser humano, los animales o las plantas se ven beneficiados no sólo porque recuperan su equilibrio energético sino también porque se afianza el fortalecimiento de los puntos débiles constitucionales.

Con el tratamiento homeopático, la fuerza vital (también llamada Chi, Ki, Prana, Orgon, principio de la vida, etc.), la fuerza curativa del ser humano, de los animales, de la tierra o de las plantas es estimulada hasta el restablecimiento de su armonía y, por lo tanto, de la salud. Así los síntomas, que no son otra cosa que intentos de equilibrio, se hacen innecesarios y desaparecen.

Generalmente, para la obtención del remedio homeopático se utilizan materias de los tres reinos de la naturaleza: mineral, vegetal y animal. Se preparan tinturas madres, soluciones y trituraciones para practicar luego las diluciones y dinamizaciones que son los procesos esenciales para desarrollar todo el potencial energético del remedio homeopático. Cuanto más diluido esté un medicamento homeopático menos materia tiene, y cuando ya no queda materia es cuando comienza realmente su acción dinámica y es más potente energéticamente. Actúa cualitativamente y no cuantitativamente.

Los fortificantes homeopatizados para las plantas son una mezcla de minerales, oligoelementos y plantas medicinales que desintoxican el suelo, reactivan la fuerza vital de la planta y, al mismo tiempo, estimulan la simbiosis del hongo micorriza* con las raíces para mejorar la absorción de las sustancias nutritivas. Unos beneficios que pueden compararse con los complejos remedios homeopáticos de la medicina humana y ofrecen un amplio espectro de actuación.

Desde 1980 están utilizándose complejos homeopatizados para la jardinería, la agricultura, el compost y la depuración del agua y, cada vez más, las administraciones públicas potencian el uso de estos productos pues no introducen ningún tipo de contaminante. Resultan totalmente inofensivos para personas, animales, tierra, agua y plantas, respetando cualquier forma de vida y constituyendo un equilibrio entre ellos y el entorno.

Con el tratamiento homeopático se disuelven los bloqueos y se pueden regenerar suelos, árboles y plantas enfermas y dañadas porque se fortifican y se consigue la máxima expresión de su vitalidad, siendo menos susceptibles y teniendo menor predisposición a enfermar.

En la actualidad, podemos encontrar fortificantes genéricos o especiales para rosas o contra hongos, abonos biológicos, aromaterapia contra insectos y, todos ellos, tanto para plantas de interior y exterior como para la agricultura biológica. Además, existen productos especiales para refinar y transformar de forma biológica y rápida el purín, estiércol y compost y para la purificación natural del agua y reactivación de lagos, biotopos, acuarios, estanques, piscicultivos, etc., entre otros.

* Las micorrizas son asociaciones simbióticas que se establecen entre la raíz de una planta y ciertos hongos microscópicos del suelo. Éstos últimos colonizan biotróficamente la corteza de una raíz, sin causarle daño alguno, y se integran hasta formar parte de ella. Desarrollan un micelio externo que se extiende por el suelo y que ayuda a la planta a adquirir nutrientes minerales y agua y que protege a las raíces de algunas enfermedades. En contrapartida, el hongo obtiene de la planta hidratos de carbono y vitaminas que él por sí mismo es incapaz de sintetizar. Se estima que entre el 90% y el 95% de las plantas superiores presentan micorrizas de forma habitual.

Dulce Rubio
INSTITUTO RAM
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